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Rodeado por el mar en todas las direcciones, los mayas consideraron al agua como fuente de la vida.

En febrero del 2012, la Asociación de Científicos para el Avance de la Ciencia, reunidos en Vancouver, Canadá, emitió la Declaración Derechos para los cetáceos.

Reconocen que delfines y ballenas son personas, no humanas, pero en sentido filosófico lo son. Las ballenas tienen hasta un 20% de desarrollo cerebral mientras nosotros tenemos apenas un 10%. Los cetáceos tienen conciencia de sí mismos, saben quiénes son, se reconocen frente a un espejo, tienen un idioma y con el denominan a cada uno con un sonido o nombre diferente.

Se cumple lo que ya en el Siglo XVI Leonardo da Vinci había profetizado, de que llegaría un día en que será tan penado por ley la muerte de un humano como la de un animal. Ya estamos viviendo el proceso de mutación general, hay cambios en el comportamiento y conciencia de los animales.

Dientes de tiburón, espinas de raya, cocodrilos sobrenaturales, criaturas del mar y aves de agua, son algunas de las representaciones hechas en piedra y barro que dan cuenta del concepto que tuvieron del mar los antiguos mayas a lo largo de su desarrollo, entre 300 y 900 d.C. El mar aparece como fuente vital, de riqueza material y espiritual para los mayas.

Al ver el mar, enfrentarse a su inmensidad teñida de azules, turquesas, grises y chocolates, los mayas han generado actitudes y sentimientos encontrados de admiración, ansiedad, infinitud, poder, misterio, riqueza, peligro y esperanza.