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Desde niña solía hablar de que existía una ley sagrada y hablaba acerca de un código de ética que te concedía la capacidad de hacer saltos interdimensionales.

Veía apariciones y todo para mi era mágico y milagroso. Mis padres se preocupaban y pedían ayuda porque algo extraño parecía darme información sobre aspectos de personas y lugares que nadie me había contado. “Y cuantos años tiene su hija?” “Como sabe eso?”

Resultado? Yo viví muchos años dentro de una burbuja de dolor pensando que había algo malo en mi.

Llego mucha gente a mi vida que se dio cuenta de que escribía por automático, que podía soñar con el futuro y me escucharon “hablar de mi” en tercera persona: “Fran no va a ir. Fran se va a dormir. Fran esto, Fran aquello”. Temían que yo estuviera bajo el control de una mala influencia, pero lo cierto era que donde yo estaba, las cosas siempre salían bien.

Sobrenaturalmente bien.

(Parecia que yo encajaba en la parabola de "un reino dividido..." como dijo Jesús. Para ser yo del bando de los malos, resultaba muy benéfica).

Pero siempre hubo quien pusiera en duda mis buenas intenciones. Eso siempre hay. Así que por eso, este lado de mi vida es secreto y compartido por invitación.

De niña ocurrieron otros problemas, soledad, aislamiento, inseguridades, traiciones, abandonos, envidias, pero siempre había un Dios a mi lado y a mi favor.

Y llego la hora de decidir que era lo más importante: y decidí expresar mi misticismo o mi sabiduría shamanica por medio de la compasión en la industria financiera. Mi fuente? La oracion y la meditación. Y algunas recetas que mezclan energías con plantas y especias.

Mi herramienta? La inteligencia neuro-intuitiva.

Hice dinero para mi, para los míos y seguí mi camino. Y siempre le pido ayuda a Dios porque a la final, yo comprendo, no soy la fuente.

Finalmente, puedo decir que nunca estuve loca. Aún tengo muchos retos que trabajar, soy un proceso en evolución. Hoy día de San Jose, yo celebro el don de la intuición, ya que es en la vida de San Jose que yo encontré similitudes con mi propia experiencia intuitiva. A veces sonamos con mensajeros angelicales que nos alertan, la pregunta es: los escuchamos?

El verdadero milagro no es que yo camine sobre las aguas, o que adivine lo que será en el futuro, sino que camine simplemente con los pies bien puestos sobre la tierra.